La adolescencia es una etapa muy difícil y complicada para los jóvenes de la casa. Atribuirse una personalidad propia y bien definida, los cambios hormonales, y muchas veces, el miedo a lo que piensen los demás puede provocar la aparición de conductas o reacciones inesperadas e incluso nefastas para su vida, pudiendo derivar en graves trastornos o enfermedades.

Hay jóvenes que se optan por llevar una vida donde la violencia es el pan de cada día, mientras que otros deciden optar por la ingesta de sustancias dañinas para el organismo (alcohol, drogas, etc.) de forma excesiva. Pero también  están aquellos jóvenes que a causa de inseguridades y una mala experiencia con algún amigo/ compañero, pueda llegar a imaginarse  que su físico no es agraciado, y es en este momento, donde el joven es más vulnerable, donde se produce el cambio de chip y comienza el auténtico calvario para el menor y los familiares.

Dos de los trastornos más habituales en la edad adolescente son aquellos trastornos de alimentación  que alteración la ingesta habitual de alimentos  como son la anorexia y la bulimia, ocasionando una serie de consecuencias asociadas que alteran la vida normal del adolescente. Ambos trastornos son realmente dañinos para la salud de los jóvenes.

La anorexia es un trastorno que provoca el rechazo por parte del adolescente a la ingesta de comida para evitar engordar, llegando a obsesionarse con ello. En muchas ocasiones, esto puede conducir a un estado de completa inanición. Esto implica falta de vitaminas, minerales y nutrientes esenciales, pudiendo ocasionar una gran desnutrición, extenuación y mucha hambre.  La anorexia conlleva una infinidad de síntomas físicos, mentales, comportamentales, orgánicos y sociales asociados que resultan negativos para la vida del menor.

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La bulimia es, al igual que la anorexia, un trastorno alimenticio y psicológico donde el joven se da auténticos atracones de comida en muy poco tiempo (provocando bienestar escasos instantes después de ello) para terminar expulsando o eliminando mediante el vómito o laxantes todo el exceso de alimento ingerido. Estos jóvenes sienten pavor a engordar, lo cual influye negativa y directamente en las emociones de la persona. Puede conducir a problemas de tipo depresivo.

Ante la duda de que un menor, hijo, amigo, conocido, familiar, pudiera sufrir algún tipo de trastorno alimenticio, es importante ponerse manos a la obra y acudir a profesionales para evitar que el problema vaya a más, y pueda incluso, en el peor de los casos, provocar el fallecimiento de la persona.

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